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RESUMEN DE TESIS: Funcionamiento familiar y conducta autolesiva en la adolescencia. Un estudio de caso desde el enfoque sistémico –constructivista

Autora: Mgtr. Paola Isabel Alonso
Directora: Dra. María Laura Del Popolo
 
Resumen

En los últimos años se ha observado un incremento significativo de las conductas autolesivas en adolescentes, incluso en poblaciones sin diagnósticos psicopatológicos previos, lo que ha generado creciente interés en su comprensión desde perspectivas relacionales. Se trata de una problemática relevante en salud mental infantojuvenil y, pese a su magnitud, aún existen limitados desarrollos empíricos en el contexto argentino (Olivi, et al., 2023). El presente artículo, tiene como objetivo analizar el funcionamiento familiar de un adolescente que presenta conductas autolesivas desde el enfoque sistémico–constructivista. Se desarrolló un estudio de caso único, de tipo cualitativo, utilizando entrevistas en profundidad, genograma familiar y la escala FACES III. El análisis se organizó en torno a las dimensiones de cohesión, adaptabilidad, comunicación y percepción del problema. Los resultados evidencian un funcionamiento familiar caracterizado por baja cohesión, rigidez estructural y modalidades comunicacionales disfuncionales, configuraciones que se articulan con la emergencia y mantenimiento de la conducta autolesiva. Se concluye que la autolesión puede comprenderse como una conducta emergente con funciones regulatorias y comunicacionales dentro del sistema familiar, lo que resalta la relevancia de abordajes clínicos centrados en las relaciones, la validación emocional y la construcción de significados compartidos.

Palabras clave: autolesiones, adolescencia, funcionamiento familiar, enfoque sistémico, modelo circumplejo, comunicación familiar, estudio de caso.

 

Introducción

Las conductas autolesivas en adolescentes constituyen actualmente un fenómeno de creciente preocupación clínica y social. Diversas investigaciones señalan un aumento sostenido de su prevalencia a nivel internacional, así como su asociación con dificultades en la regulación emocional, sufrimiento psíquico e incremento del riesgo suicida (Dörr et al., 2022; Salazar Suárez et al., 2023). Sin embargo, estas conductas no se presentan exclusivamente en adolescentes con diagnósticos psiquiátricos previos, sino también en jóvenes sin psicopatología evidente, lo que complejiza su comprensión y exige modelos explicativos más amplios.

Desde enfoques tradicionales, la autolesión ha sido abordada prioritariamente como una conducta individual vinculada a impulsividad, trastornos del ánimo o rasgos de personalidad. Si bien dichas dimensiones resultan relevantes, pueden resultar insuficientes para explicar la complejidad contextual en la que estas conductas emergen y se sostienen.

Desde la perspectiva sistémico–constructivista, el síntoma no se comprende como una falla aislada del individuo, sino como una expresión que adquiere sentido dentro de una red de relaciones. La familia constituye un sistema abierto, dinámico y autorregulado, en el que las conductas de cada integrante impactan recursivamente sobre los demás. En este marco, la autolesión puede pensarse como una conducta emergente que expresa tensiones vinculares, dificultades comunicacionales o modos restringidos de procesamiento emocional (Minuchin, 1986; Nardone y Selekman, 2013; Watzlawick et al., 1985)

El modelo circunflejo de Olson aporta una herramienta conceptual relevante al proponer que el funcionamiento familiar puede analizarse a partir de tres dimensiones centrales: cohesión, adaptabilidad y comunicación. La cohesión refiere al grado de unión emocional entre los miembros; la adaptabilidad, a la capacidad del sistema para modificar reglas, roles y jerarquías frente a situaciones evolutivas o de crisis; y la comunicación actúa como variable facilitadora entre ambas dimensiones (Olson, 2000).

Asimismo, la teoría de la comunicación humana plantea que toda conducta comunica y que los intercambios familiares se organizan tanto en un nivel de contenido como relacional (Watzlawick et al., 1985). En sistemas donde predominan mensajes ambiguos, contradicciones, silencios o invalidaciones emocionales, pueden configurarse escenarios de sufrimiento difíciles de simbolizar verbalmente.

En este contexto, el presente artículo se propone analizar el funcionamiento familiar de un adolescente con conductas autolesivas, explorando la articulación entre cohesión, adaptabilidad, comunicación y percepción del síntoma a través de un estudio de caso único. El cual surge de la tesis final de la Maestría en Psicoterapia Sistémica de la Universidad del Aconcagua (Alonso, 2026).

 
Método

Diseño

Se desarrolló una investigación cualitativa con diseño de estudio de caso único, orientada a comprender en profundidad el funcionamiento de una familia con un miembro adolescente que presenta conductas autolesivas.

Participantes

Participó una familia compuesta por madre, padre y un adolescente de 15 años, a quien se denomina con nombre ficticio a fin de preservar la confidencialidad.

Técnicas de recolección de datos

  • Entrevistas en profundidad individuales y una familiar.
  • Genograma familiar.
  • Escala FACES III.

Procedimiento de análisis

La interpretación del genograma se realizó según el enfoque de McGoldrick y Genson (2000), con aportes de Marcelo Cebeiro (2018). 

Los puntajes obtenidos en la escala FACES III, fueron analizados conforme a los lineamientos del modelo circumplejo de Olson, considerando las dimensiones de cohesión y adaptabilidad.

A las entrevistas en profundidad se les realizó un análisis de contenido cualitativo, organizando la información en categorías vinculadas a cohesión, adaptabilidad, comunicación y percepción de la conducta problema, las conductas autolesivas.

El análisis de las entrevistas, del genograma y de la escala FACES III se realizó mediante un proceso iterativo de lectura y codificación, incorporando la lógica de comparación constante como estrategia de análisis, realizando una triangulación de fuente de datos con el objetivo de aumentar la consistencia interpretativa.

 

Resultados

El análisis evidenció que las distintas dimensiones del funcionamiento familiar se encuentran estrechamente interrelacionadas, configurando un contexto donde la conducta autolesiva adquiere sentido como fenómeno relacional.

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Figura 1: Genograma desde el adolescente

 

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Figura 2: Representación gráfica de la funcionalidad familiar REAL de los integrantes según la escala de FACES III

Nota: Imagen representativa de la funcionalidad familiar real de madre, padre y adolescente. La misma fue adaptada en este caso, tomando los aportes del autor Bazo- Alvarez et al. (2016)

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Figura 3: Representación gráfica de la funcionalidad familiar IDEAL de los integrantes

Nota: Imagen representativa de la funcionalidad familiar real de madre, padre y adolescente. La misma fue adaptada en este caso, tomando los aportes del autor Bazo- Alvarez et al. (2016)

Cohesión familiar

Se observó un estilo de cohesión bajo, caracterizado por escasa cercanía emocional, limitada reciprocidad afectiva y predominio de funcionamientos individuales. El adolescente refiere sentimientos de distancia y dificultades para compartir experiencias emocionales significativas.

La madre manifiesta preocupación constante, aunque esta aparece más ligada al control y supervisión que a espacios de intimidad emocional. El padre se presenta periférico en los intercambios afectivos cotidianos.

En conjunto, se configura una organización donde la autonomía no se equilibra con pertenencia, generando vivencias subjetivas de soledad y escaso sostén emocional.

 

Adaptabilidad

La dinámica familiar presenta rasgos predominantemente rígidos. Se observaron dificultades para renegociar normas, jerarquías y modalidades vinculares frente a las demandas evolutivas propias de la adolescencia.

Las decisiones aparecen fragmentadas entre figuras parentales, con criterios contradictorios y escasa coordinación. El liderazgo parental resulta inconsistente: alterna entre control autoritario y desresponsabilización.

Esto genera confusión en los límites, ambigüedad en la autoridad y dificultades para acompañar procesos de individuación adolescente.

 

Comunicación

La comunicación familiar se caracteriza por predominio instrumental y escasa apertura emocional. Se registran dificultades para expresar afectos, validar experiencias subjetivas y sostener conversaciones sobre malestar psicológico.

También se observan mensajes contradictorios, descalificaciones, diferencias en la interpretación de hechos y baja metacomunicación. Estas características disminuyen la previsibilidad del entorno relacional y aumentan la experiencia de incomprensión.

El adolescente refiere temor al juicio, reserva emocional y tendencia a silenciar aspectos relevantes de su experiencia.

 

Percepción de la conducta autolesiva

Existe una marcada divergencia en la significación del síntoma.

El adolescente describe la autolesión como un recurso de descarga emocional frente a angustia acumulada, frustración y sobrecarga interna. Refiere además intentos de ocultamiento.

La madre interpreta la conducta desde la culpa y la preocupación, asociándola con soledad y sufrimiento del hijo.El padre presenta explicaciones parciales y externalizantes, atribuyendo el problema a influencias externas o dinámicas ajenas a su participación.

La ausencia de una narrativa compartida dificulta respuestas coordinadas y mantiene patrones de interacción disfuncionales.

 

Discusión

Los resultados permiten comprender la conducta autolesiva como un fenómeno emergente del sistema familiar, en el que se articulan dimensiones estructurales, funcionales y comunicacionales.

La baja cohesión observada limita la disponibilidad emocional del sistema, restringiendo espacios de apoyo y reconocimiento afectivo. En este contexto, el adolescente enfrenta el malestar con escasos recursos relacionales para simbolizarlo y compartirlo.

En paralelo, la rigidez estructural obstaculiza la reorganización necesaria frente a las demandas del ciclo vital adolescente. La adolescencia implica transformación de límites, mayor autonomía y renegociación jerárquica. Cuando el sistema responde privilegiando estabilidad por sobre cambio, pueden intensificarse tensiones vinculares (Haley, 1980).

En la dimensión comunicacional se evidencian patrones de ambigüedad, incongruencia y escasa validación emocional. La dificultad para nombrar lo que ocurre sitúa al cuerpo como escenario posible de expresión del sufrimiento.

Desde esta perspectiva, la autolesión adquiere una función paradójica. Mientras opera subjetivamente como regulación emocional inmediata, también introduce un mensaje en la dinámica familiar, reorganizando transitoriamente la atención y los intercambios. El síntoma expresa dolor individual y simultáneamente regula al sistema.Estos hallazgos coinciden con investigaciones recientes que vinculan conductas autolesivas con entornos caracterizados por soporte emocional limitado, rigidez parental y dificultades en la comunicación afectiva (Dörr et al., 2022; Salazar Suárez et al., 2023).

En consecuencia, la conducta autolesiva no puede ser comprendida de manera aislada del sistema relacional en el que emerge. La articulación entre baja cohesión, rigidez estructural y comunicación disfuncional configura un contexto que restringe la regulación emocional compartida y la construcción de significados.

 

Conclusiones

Los hallazgos de este estudio permiten sostener que la conducta autolesiva en la adolescencia no puede ser comprendida únicamente como una manifestación individual, sino como un fenómeno que adquiere significado dentro del sistema relacional en el que emerge. Desde una perspectiva sistémico–constructivista, la autolesión se configura como una respuesta compleja que articula dimensiones intrapsíquicas, vinculares y comunicacionales, expresando malestar allí donde los recursos simbólicos disponibles resultan insuficientes.

El análisis del caso evidenció que la combinación de baja cohesión familiar, rigidez en la organización estructural y dificultades persistentes en la comunicación conforma un contexto de vulnerabilidad para la aparición y mantenimiento del síntoma. La distancia afectiva entre los miembros, la escasa validación emocional y la dificultad para reorganizar roles y jerarquías frente a las demandas evolutivas de la adolescencia restringen la capacidad del sistema para procesar el conflicto de manera flexible.

En este escenario, la conducta autolesiva cumple una función paradójica. Por un lado, opera como estrategia subjetiva de regulación emocional frente a estados internos intensos; por otro, introduce un mensaje en la dinámica familiar, concentrando la atención del sistema y produciendo reacomodamientos transitorios en las relaciones. El síntoma aparece así como una forma de comunicación no verbal que expresa aquello que no logra ser dicho en el intercambio cotidiano.

Los resultados dialogan con investigaciones recientes que vinculan las autolesiones con contextos familiares caracterizados por soporte emocional limitado, rigidez parental y dificultades en la comunicación afectiva. En este sentido, el estudio refuerza la necesidad de superar lecturas lineales o exclusivamente psicopatológicas del fenómeno, incorporando modelos comprensivos que contemplen la circularidad entre sufrimiento individual y organización familiar.

Desde el punto de vista clínico, los hallazgos sugieren la pertinencia de intervenciones orientadas a fortalecer la cohesión sin anular los procesos de individuación propios de la adolescencia, promover estructuras familiares más flexibles, ampliar la capacidad de metacomunicación y favorecer la construcción de significados compartidos sobre el malestar. Más que centrarse exclusivamente en la supresión de la conducta, el trabajo terapéutico requiere transformar las pautas relacionales que la sostienen.

Si bien se trata de un estudio de caso único y sus resultados no son generalizables en términos estadísticos, su valor radica en la profundidad comprensiva alcanzada y en la posibilidad de iluminar procesos clínicos frecuentes en la práctica contemporánea.

En síntesis, la autolesión no emerge en el vacío. Surge allí donde el sufrimiento encuentra obstáculos para ser reconocido, simbolizado y compartido. Cuando la palabra pierde eficacia, el cuerpo puede convertirse en escenario de comunicación. Intervenir terapéuticamente implica, entonces, ayudar a que aquello que hoy se inscribe en la piel pueda encontrar lugar en la conversación familiar.

 

Referencias

Alonso, P. I. (2026). Funcionamiento familiar de una familia con un adolescente que se autolesiona: Una mirada sistémica [Tesis de maestría, Universidad del Aconcagua]. Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua.

Dörr, A., Viani, S., Quevedo, Y., y Salinas, P. (2022). Autolesiones en adolescentes: manifestación del malestar subjetivo en la sociedad actual. Psicopatología Fenomenológica Contemporánea, 11(2), 23–40. https://www.revistapfc.com.br/rpfc/article/view/1118

Haley, J. (1980). Terapia no convencional. Las técnicas psiquiátricas de Milton H. Erickson (1ra ed.). Amorrortu.

Minuchin, S. (1986). Familia y terapia familiar (5ta ed.). Gedisa.

Nardone, G., & Selekman, M. D. (2013). Hartarse, vomitar, torturarse. Herder Editorial.

Olivi, A. A., Elgier, A., y Clerici, G. (2023). Perfil epidemiológico de adolescentes con conducta autolesiva en un municipio de Buenos Aires. Perspectivas en Psicología, 20(1), 152–179. http://perspectivas.mdp.edu.ar/revista/index.php/pep/article/view/659

Olson, D. H. (2000). Circumplex Model of Marital and Family Systems. Journal of Family Therapy, 22(2), 144–167. https://doi.org/10.1111/1467-6427.00144

Salazar Suárez, O., van Barneveld, H. O., Robles Estrada, E., y Rodríguez Aguilar, B. (2023). La percepción de la crianza y el afrontamiento del conflicto como predictores de las autolesiones no suicidas en adolescentes. Acta Universitaria, 33, 1-12. https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-62662023000100130&lng=es&nrm=iso

Watzlawick, P., Beavin Bavelas, J. y Jackson, D. D. (1985). Teoría de la comunicación humana: Interacciones, patologías y paradojas. (4a ed.). Herder.

 

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