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CUIDADO, BIENESTAR Y EL PARADIGMA SOCIAL EXPANSIVO: ANÁLISIS DESDE LA DETERMINACIÓN SOCIAL DE LA SALUD

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Molina Natalia; Roggia Celeste; Lupi Marcia
 
 
Abrimos la puerta al tema

Históricamente, la Psicología ha operado predominantemente bajo el Paradigma Individual-Restrictivo (PIR), limitando su campo de acción a la patología y la clínica individual, desatendiendo las raíces socio-estructurales de los procesos de salud-enfermedad. Anclado en el modelo médico-clínico, este enfoque resulta insuficiente para abordar la complejidad de la vida contemporánea y las inequidades sociales (Saforcada et al., 2010; Juárez y Saforcada, 2013).

 

 

 

Esta perspectiva restrictiva desconoce la interdependencia entre personas, contextos y estructuras, principio central del Paradigma Ecológico en Psicología Comunitaria, según el cual cualquier modificación en un componente del sistema genera repercusiones en los demás (Sarriera, 2019).

Esta omisión de los fenómenos como relacionales e históricos, dificulta comprender desde una mirada sistémica los orígenes y desarrollo de los procesos de salud-enfermedad más allá del plano individual.

La salud, como derecho y como condición, está intrínsecamente ligada a la “determinación social de la vida” (Muñoz Rodríguez, 2024), que opera como el sistema de sistemas que define la matriz de producción y distribución de la salud y el malestar. Frente a esta limitación paradigmática, surge la necesidad de una reconceptualización epistemológica y pragmática que integre lo social, lo colectivo y lo sistémico.

La psicología sistémica convoca a comprender la salud no como un estado fijo ni una propiedad individual, sino como un proceso dinámico de construcción relacional, comunitaria y política. En este contexto, el Paradigma Social Expansivo (PSE), propuesto por el Dr. Saforcada se presenta como un marco idóneo para repensar la disciplina, impulsando un cambio hacia prácticas protectivas y promocionales que aborden las "causas de las causas" de la salud de las poblaciones (Saforcada, 2000).

Desde esta trama conceptual, el presente ensayo se focaliza en la articulación del PSE, los conceptos de cuidado y bienestar, sosteniendo que desde una lente expansiva es posible concebir prácticas de salud verdaderamente transformadoras y equitativas. Esto conduce a la pregunta que guía este trabajo: ¿Cómo la transición epistemológica hacia el Paradigma Social Expansivo (PSE) permite redefinir el "cuidado” como práctica de construcción de bienestar sociocomunitario, superando la propuesta individual-restrictiva de la salud, atendiendo a la determinación social de la vida y posibilitando estrategias efectivas para que la psicología se inserte de manera significativa y transformadora más allá del consultorio clínico?

La fundamentación de esta pregunta radica en la necesidad de situar la acción de la Psicología más allá de las paredes del consultorio. Si el bienestar es un proceso complejo y determinado socialmente (Sarriera, 2015), las estrategias para su promoción deben necesariamente orientarse a transformar las condiciones de vida, las dinámicas intersectoriales y las relaciones sociales, tal como propone el PSE al expandir el campo de acción hacia el Sistema Total de Salud-Enfermedad (STSE).

 

Claves para comprender

El Paradigma Social Expansivo (PSE) no es solo un marco teórico, es una postura ético-política que cuestiona la matriz hegemónica del Paradigma Individual-Restrictivo (PIR). Este último, basado en el modelo biomédico y en el sesgo individualista de la psicología tradicional, reduce los problemas de salud a fallas intrapsíquicas o biológicas, ignorando la trama social, histórica y relacional que los produce. Saforcada (2010) señala que esta adhesión al PIR ha mantenido a la psicología en un "aislamiento" significativo para la salud pública.

El PSE, en cambio, exige un análisis sistémico de la salud. Postula que el bienestar de una población está determinado por un complejo sistema de interacciones que conforman el Sistema Total de Salud-Enfermedad (STSE), donde convergen no solo los subsectores de atención (público, privado, seguridad social), sino también factores macroestructurales: políticas económicas, distribución de la riqueza, educación, condiciones ambientales y culturales (Saforcada, 2000). La explicación de la salud de una población se encuentra en la Determinación Social de la Vida, que produce las desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades, configurando las "causas de las causas" del malestar y la enfermedad (Muñoz Rodríguez, 2025).

La psicología sistémica encuentra en el PSE un marco más coherente para desarrollarse, ya que ambos comparten la lógica de la complejidad y la multicausalidad. Esto invita al psicólogo a asumir un rol como un agente de salud con una actitud integracionista, que articule esfuerzos con otras disciplinas (medicina, antropología, sociología) para influir en políticas y procesos comunitarios (Saforcada et al., 2010). Implica orientar la intervención hacia lo protectivo y promocional, trascendiendo el acto de “curar”.

Este desplazamiento se expresa en el pasaje del proceso salud/enfermedad/atención (PSEA) al proceso salud/enfermedad/cuidado (PSEC) (Michalewicz et al., 2014). Mientras la “atención” está asociada a la institucionalización, la tecnificación y la medicalización, donde el individuo es un receptor pasivo, el “cuidado” constituye una categoría más amplia y emancipadora. Implica el conjunto de prácticas y estrategias que las personas y comunidades despliegan activamente para sostener su vida y su entorno frente a la adversidad y la inequidad generada por la determinación social (Muñoz Rodríguez, 2024).

Desde el PSE y el PSEC, el Cuidado se define por tres características esenciales:

  • Relacional y Participativo: Se basa en el diálogo de saberes, valorando las estrategias de resistencia y supervivencia comunitaria, reconociendo la interdependencia entre actores, territorios e instituciones que coproducen las condiciones de vida (Sarriera, 2019).

 

  • Contextualizado: Reconoce las especificidades culturales y socioeconómicas, evitando la imposición de modelos asistenciales ajenos al territorio.

 

  • Político y Transformador: Busca fortalecer la autonomía relativa y la construcción de Ciudadanía (Chapela, 2007) como una estrategia para modificar las condiciones estructurales de la salud.

La ausencia de esta perspectiva expansiva se expresa en el encuentro clínico a través de la barrera psico sociocultural (Juárez y Saforcada, 2013), creada y sostenida principalmente por la formación universitaria restrictiva de los profesionales. Dicho impedimento limita la comprensión mutua entre el consultante y el profesional, disminuyendo la eficacia y eficiencia de las intervenciones de salud (Juárez y Saforcada, 2013). Superar esta barrera implica abandonar cierta neutralidad técnica, adoptar una posición crítica y humilde frente al contexto de la determinación social.

Si el “cuidado” es el vehículo de la praxis, el bienestar sociocomunitario es la meta final. Sarriera (2015), argumenta que el bienestar no puede ser reducido a la mera satisfacción subjetiva individual, sino que debe integrar las dimensiones colectivas y la equidad. El bienestar, entonces, se construye en el plano de la justicia social y el acceso a los recursos y capacidades necesarios para una vida plena, en concordancia con el enfoque de Amartya Sen (citado en Sarriera, 2015).

El PSE interpela a la psicología a no centrarse únicamente en la adaptación del individuo a condiciones de malestar injustas (lógica PIR), sino a participar en la transformación de esas condiciones (lógica PSE). El bienestar se juega en las lógicas de autonomía y en la capacidad de las comunidades para generar nuevas culturas de supervivencia y resistencia (Muñoz Rodríguez, 2015).

El profesional de la psicología, bajo este paradigma, tiene la oportunidad de ser un facilitador de los procesos de empoderamiento comunitario que permitan a la población ser protagonista de su propia salud, incidiendo en las estructuras del STSE.

Desde esta perspectiva, la pregunta ¿cómo salir del consultorio? es, en realidad, la pregunta por las formas de aplicar el PSE. Si la salud se determina socialmente, la intervención debe ser igualmente social, intersectorial y comunitaria. La psicología sistémica, por su foco en las interacciones complejas  está especialmente posicionada para promover estas transformaciones.

A continuación, se proponen estrategias para la acción de la psicología fuera del ámbito clínico individual:

 

  1. Inserción en el territorio y mapeo de la determinación social:

Es la inserción activa en el territorio, a través de la investigación-acción participativa. Esto implica no solo realizar diagnósticos, sino co-construir conocimiento con los actores comunitarios (líderes sociales o espirituales, promotores de salud, referentes barriales, etc).

Mapeo del STSE local: Mapear los factores de riesgo y protección a nivel micro y meso: identificar la calidad de los servicios de salud y educación, redes de apoyo comunitario, presencia de barreras psico socioculturales y lógicas de subsistencia o autonomía que se despliegan.

Investigación-intervención con enfoque sistémico: Aplicar metodologías cualitativas que permitan comprender la dinámica de los sistemas (familiar, comunitaria, etc) no como patología, sino como un sistema adaptativo que despliega estrategias de Cuidado frente a la adversidad.

   

    b.  Desarrollo de estrategias de promoción de la salud como construcción de ciudadanía:

Chapela (2007) enfatiza que una promoción de la salud (PS) eficiente es aquella que trabaja en la construcción de ciudadanos y ciudadanía. Esto implica ir más allá de los mensajes de "hábitos saludables" (visión conductual y PIR) para crear espacios de participación política y comunitaria.

Intervención en redes intersectoriales: El psicólogo puede ser un articulador. Por ejemplo, en el caso de consumo de drogas, Quintal (2019) señala la necesidad de acciones continuas, fundadas en políticas públicas estructurantes y la articulación entre usuarios, gestión, profesionales y universidades. La función del psicólogo sistémico es facilitar la comunicación y la sinergia entre los sistemas de salud, educación, trabajo social y las organizaciones de la sociedad civil para diseñar propuestas colectivas, integrales y contextualizadas.

Trabajo comunitario: Fomentar la creación de espacios de reflexión colectiva que permitan a las personas identificar las causas estructurales de su malestar, pasando de la queja individual a la acción colectiva.

 

    c. La ética del cuidado en la prevención cuaternaria:

Las acciones merecen estar guiadas por una ética del cuidado que incorpore la prevención cuaternaria (P4). La P4, definida por Jamoulle (2013), busca proteger a los pacientes de la iatrogenia médica y el exceso de intervenciones. En el contexto del PSE, esto se traduce en proteger a las comunidades de la iatrogenia social y la hiper-medicalización de problemas que son de origen socio-estructural.

Despatologización: El psicólogo sistémico puede actuar como un contrapeso crítico frente a los discursos que patologizan el malestar derivado de la inequidad, se propone orientar la intervención hacia el soporte psicosocial que facilita la supervivencia social, política, económica y mental de la persona (Jamoulle, 2013).

Asesoramiento a políticas públicas: El profesional también puede compartir el conocimiento de la determinación social a los espacios de toma de decisiones, asesorando en la formulación de políticas que prioricen la inversión en condiciones de vida (vivienda, empleo, educación) como la forma más efectiva de prevención y promoción de la salud.

Además de estas acciones descriptas, es pertinente en este ensayo agregar los aportes de Arias Rosas et al. (2023), quienes plantean que la realidad contextual invita de forma permanente a las disciplinas a abrir sus límites hacia nuevas configuraciones, donde la integración de saberes académicos y comunitarios se encuentren en la construcción colectiva de conocimientos idóneos. En este sentido, los abordajes clínicos pueden enriquecerse al abrir sus puertas a otros profesionales del modelo biomédico, conformando equipos de trabajo que trascienden las lógicas instituciones. Esta escucha, basada en el intercambio y reflexión conjunta, son las bases de un trabajo interdisciplinario, colaborativo, que se retroalimenta del contexto y la comunidad de la que forman parte.

Este enfoque sólo es posible si se comprende que los problemas de salud y las respuestas que puedan proponerse, emergen de sistemas interdependientes, para lo cual la construcción de conocimiento y práctica interdisciplinaria se transforman en estrategias fundamentales.

Para ello, es necesario considerar los cinco vectores propuestos por Arias Rosas et al. (2023) sobre los cuales se asienta la construcción interdisciplinaria:

  1. Comunicación del equipo, basado en el reconocimiento del saber del otro, la escucha y apertura hacia diversas formas de abordaje.
  2. Cooperación, entendida como ayuda y trabajo complementario, más allá de lo disciplinar.
  3. Cohesión, como proceso transformador de retroalimentación positiva entre los integrantes del equipo.
  4. Capacidad crítica; donde cada uno se interpela y autoconstruye, comunica y co-construye con los otros.
  5. Construcción de conocimiento; que puede evidenciarse en dos dimensiones que se relacionan desde un proceso individual y colectivo, así como también desde la praxis situada.

Se puede reflexionar que el profesional de la psicología, al acercarse el Paradigma Social Expansivo, trasciende la barrera del consultorio para actuar como articulador clave en el Sistema Total de Salud-Enfermedad (STSE). Esta inserción territorial y política es significativa para influir directamente en la determinación social, promoviendo el cuidado como estrategia activa de resistencia comunitaria. Dicha praxis exige inherentemente el diálogo y la cooperación interdisciplinaria, cimentando acciones que superen la iatrogenia y la restricción, y construyan el Bienestar de la comunidad o sistema que participa.

 

Ideas que nos deja el recorrido

Como profesionales de la psicología y desde el marco sistémico, integrar el Paradigma Social Expansivo implica transformar nuestras concepciones y prácticas en salud, reconociendo que toda experiencia individual se inscribe en una trama comunitaria e interdependiente. En relación con la pregunta inicial, y luego del recorrido desarrollado, puede afirmarse que el PSE no solo permite redefinir el cuidado y el bienestar, sino que lo exige éticamente ante la determinación social de la vida.

En este marco, el cuidado deja de ser solo una técnica de asistencia individual para convertirse en una práctica política, relacional y contextualizada, orientada a la co-construcción del bienestar Sociocomunitario a través de la equidad y la autonomía relativa. Abrir las puertas del consultorio hacia la comunidad es un camino coherente con esta perspectiva: las estrategias extramuros, basadas en la investigación-acción, la construcción de ciudadanía, la articulación intersectorial y la ética de la prevención cuaternaria (P4); son el vehículo indispensable para que la psicología obtenga el reconocimiento social y se consolide como un actor de relevancia en la salud pública (Saforcada et al., 2010).

Así, la incorporación de la prevención cuaternaria aporta una dimensión ética fundamental. Alberto Ortiz Lobo y Vicente Ibáñez Rojo (2011), plantean que intervenir más no siempre significa intervenir mejor, y que la sobre intervención (diagnóstica, psicoterapéutica o institucional) puede generar iatrogenia e incluso profundizar la dependencia en el sistema de atención. Desde una mirada sistémica y expansiva, la P4 invita a interpelar el alcance de las prácticas profesionales considerando la multiplicidad de sistemas en los que el sujeto (en su salud y en su malestar) se desarrolla: su marco laboral, habitacional, comunitario y su situación comunitaria y afectiva. Revisar críticamente las prácticas profesionales implica también revisar los sistemas de los cuales el equipo de profesionales forma parte. De esta manera se vuelve posible el ensamblaje entre los paradigmas individual restrictivo y el social expansivo.

Este desafío demanda una "revolución científica" en la propia formación profesional, tal como señalan Juárez y Saforcada (2013). Por ello, el análisis sistémico de los procesos de salud-enfermedad-cuidado debe continuar abriendo preguntas para el futuro de nuestra disciplina: ¿Cómo se pueden generar modelos de financiamiento y gestión pública que permitan y sostengan las intervenciones psicológicas extramuros y comunitarias, reconociendo su impacto en la determinación social y superando la lógica de la rentabilidad del modelo individual-restrictivo?

Si el bienestar sociocomunitario trasciende las métricas clínicas tradicionales, ¿cuáles son los indicadores sensibles a la determinación social que la psicología puede desarrollar para evaluar las prácticas de cuidado bajo el PSE?

Reconociendo que el STSE es vasto y complejo, ¿cómo entrenar al psicólogo sistémico para operar eficientemente desde la incertidumbre, la multicausalidad y los conflictos de intereses inherentes a la articulación intersectorial y la movilización comunitaria, sin caer en la omnipotencia o el agotamiento profesional?

Como se destacó, promover la posibilidad de formar equipos de abordaje interdisciplinarios, que tengan la curiosidad y capacidad de retroalimentar los saberes de la comunidad, instituciones y actores locales, constituye una vía propicia para analizar prácticas y desarrollar las habilidades para la vida de los que integran el sistema.

La articulación de cuidado, bienestar y paradigmas, ofrece un mapa para navegar la complejidad del siglo XXI. Avanzar hacia una psicología plenamente comprometida y al servicio de la salud pública emancipadora, requiere que los espacios académicos se conviertan en espacios de reflexión y acción para formar a los profesionales que tomarán y sostendrán este camino.

 

Referencias

Arias Rosas, J., Balbis Venturino, M. , Cabrera Bassadone, Y., Sabaño, S., Muzzio Branca, J., Peculio Gonzalez, N., Salsamendi aboal, R., Vique Bonino, F., y Sanchez Volpi, A.M (2023). Construcción de interdisciplina en la promoción de salud: Confluencias de las “5C”. En F. Morales Calatayud (Coord.), Promoción de salud en la universidad: Claves en la interdisciplina y la integralidad (pp.135-146). Espacio Interdisciplinario, Universidad de la República Uruguay.

Chapela, M. C. (2007). ¿Qué promoción de la salud ha fracasado? Documento de circulación interna en proceso de publicación.

Jamoulle, M. (2013). Prevención cuaternaria, una tarea explícita del médico generalista. Una entrevista con Marc Jamoulle. Archivos de Medicina Familiar y General, 10(2), 23-26.

Juárez, M. P., y Saforcada, E. (2013). El problema de la barrera psicosociocultural interpuesta entre los profesionales de la salud y consultantes de contextos pobres estructurales. Reflexiones sobre una cuestión compleja. Salud & Sociedad, 4(3), 216-227.

Michalewicz, A., Pierri, C., y Ardila-Gómez, S. (2014). Del proceso de salud/enfermedad/atención al proceso salud/enfermedad/cuidado: Elementos para su conceptualización. Anuario de Investigaciones, XXI, 217-224.

Muñoz Rodríguez, M. (2024) Procesos de bienestar-malestar en niños de sectores populares en San Luis: Aportes desde la determinación social de la vida para la promoción de la salud emancipadora con las infancias. Tesis de Doctorado. UNSL. https://bicyt.conicet.gov.ar/fichas/produccion/13005093

Ortiz Lobo, A., e Ibáñez Rojo, V. (2011). Iatrogenia y prevención cuaternaria en salud mental. Revista Española de Salud Pública, 85(6), 513-525.  http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-57272011000600002&lng=es&tlng=es

Quintal, F. (2019). Familia y comunidad como estrategias de cuidado a usuarios de drogas. En E. Saforcada, J. Castellá Sarriera, y J. Alfaro I. (Orgs.), Salud comunitaria desde la perspectiva de sus protagonistas: La comunidad. Ediciones Nuevos Tiempos.

Saforcada, E. (2000). El Sistema Total de Salud-Enfermedad: Componentes, dinámicas, responsabilidades, riesgos y alternativas. En M. De Lellis (Comp.), Perspectivas en salud pública y salud mental. Ediciones Nuevos Tiempos.

Saforcada, E., De Lellis, M., y Mozobancyk, S. (2010). Psicología y salud pública. Ediciones Novedades Educativas.

Sarriera, J. C. (2019). El bienestar sociocomunitario: Bases conceptuales y de investigación. En E. Saforcada, J. Castellá Sarriera, y J. Alfaro I. (Orgs.), Salud comunitaria desde la perspectiva de sus protagonistas: La comunidad. Ediciones Nuevos Tiempos.

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