Introducción. La encrucijada del acogimiento residencial
En las últimas décadas, el reconocimiento de los niños y niñas como sujetos de derechos, promovido por la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) y en Argentina por la Ley Nº 26.061 (2005), reconfiguró radicalmente el paradigma de las intervenciones institucionales. Las Directrices de las Naciones Unidas sobre las Modalidades Alternativas de Cuidado (2009) consagran que la separación familiar debe ser una medida excepcional e idónea. Sin embargo, la brecha entre el postulado normativo y la praxis cotidiana sigue representando un desafío complejo.
En la provincia de Mendoza, las estadísticas provistas por la Dirección de Cuidados Alternativos (DCA) denotan una realidad contundente: la población de niños, niñas y adolescentes bajo medidas de protección excepcional ascendió de 514 en el año 2019 a 892 en el año 2024. Este incremento sostenido somete a los dispositivos convivenciales a una demanda creciente que tensiona sus recursos físicos, organizacionales y humanos.
Desde la epistemología sistémica, entendemos que las instituciones de acogimiento no son meras estructuras físicas de alojamiento, sino sistemas vivos (Bateson, 1991). Por lo tanto, el incremento cuantitativo de la demanda no constituye una variable externa, sino que incide en el clima de la organización, en el desgaste del personal y, de manera directa, en los vínculos interpersonales que estructuran la vida diaria de los niños y niñas.
Las ideas que nos guían: La institución como ecología relacional
Para abordar la complejidad de estas instituciones, es indispensable abandonar las explicaciones lineales y reduccionistas. Gregory Bateson (1991) planteó que los fenómenos humanos solo adquieren sentido cuando se analizan dentro de las pautas relacionales y de interacción que los sostienen. De esta forma, el comportamiento de un niño o de un cuidador en un hogar no puede juzgarse de forma aislada, sino en reciprocidad con el contexto institucional.
Complementariamente, la teoría estructural de Salvador Minuchin (1986) nos enseña que los sistemas humanos se organizan a partir de límites, jerarquías y subsistemas. El buen funcionamiento institucional depende de la claridad y permeabilidad de estos límites. Cuando la comunicación se bloquea o las jerarquías se vuelven confusas, emergen tensiones que impactan en la tarea de cuidado. Maurizio Andolfi (2003) subraya que en contextos complejos es preciso ampliar el foco del síntoma individual para examinar los vínculos y significados compartidos del sistema.
Asimismo, el enfoque ecológico de Bronfenbrenner (1987) permite situar al hogar convivencial como el microsistema primario de desarrollo para los niños bajo medida de excepción. Dentro de este microsistema, la calidad de las interacciones cotidianas es clave. Barudy y Dantagnan (2005) señalan que un desarrollo infantil saludable requiere de entornos relacionales capaces de proveer "buenos tratos". Estos buenos tratos (protección, afecto, estimulación, participación) están directamente condicionados por los recursos emocionales de los cuidadores y por las condiciones organizacionales del contexto institucional en el que desempeñan su función.
La experiencia de investigación en el terreno
Para poner a prueba estas premisas teóricas, se llevó a cabo la investigación titulada "Clima Organizacional en Instituciones de Acogimiento y la Percepción de Bienestar de los Niños y Niñas allí Albergados" (Fiorenza, 2024). El estudio adoptó un diseño descriptivo y cualitativo de casos múltiples, explorando el funcionamiento de tres hogares residenciales de la Dirección de Cuidados Alternativos de Mendoza, resulta relevante considerar que la toma de los datos fue realizada en el contexto de pandemia por COVID-19.
La recolección de datos combinó metodologías cuantitativas y cualitativas: por un lado, se aplicó la Escala de Clima Social Laboral (WES) de Moos, adaptada por Mikulic y Casullo (2013), a las auxiliares de cuidado; por otro lado, se realizaron entrevistas semidirigidas individuales tanto a las auxiliares como a niños y niñas de entre 6 y 12 años de edad que habitaban los hogares. A continuación, se presentan, de forma fiel, los hallazgos y dinámicas relacionales que emergieron de dicho análisis.
Nudos relacionales: El clima social laboral desde las auxiliares
La escala WES evalúa la percepción del clima laboral en tres dimensiones básicas: relaciones, autorrealización y estabilidad/cambio. Los puntajes totales arrojados por las auxiliares evidenciaron un clima promedio de nivel medio, con gran heterogeneidad: oscilaron desde 23 puntos (clima marcadamente deficitario) hasta 68 puntos (clima favorable). Ninguna de las tres dimensiones principales superó el 49% del puntaje máximo posible, evidenciando un funcionamiento moderado y generalizado que expone áreas críticas de mejora:
- El déficit en Innovación, Cohesión y Autonomía: Las subescalas de innovación (posibilidad de proponer y aceptar cambios) obtuvieron el puntaje más bajo (19 puntos). La cohesión (ayuda mutua y colaboración entre pares) y la autonomía (independencia laboral) obtuvieron puntajes igualmente bajos (22 puntos cada una). Por el contrario, la subescala de organización (planificación y estructura de tareas cotidianas) obtuvo la puntuación más alta. El sistema se autopercibe como altamente estructurado y normativo, pero rígido, con escaso margen para la creatividad o la toma de decisiones descentralizadas.
- Variabilidad en la toma de decisiones: Las entrevistas cualitativas confirmaron esta limitación en la autonomía de las auxiliares. Mientras en un hogar la auxiliar relata una relación participativa con la regencia ("hay reglas que las armamos entre todos, ella dispone algo y si nadie está de acuerdo se cambian"), en otros hogares predomina la centralización: "la mayoría [de las decisiones] las toma la regente" o "para todo tenemos que consultar si se puede o no o con qué niños".
- La falta de claridad en las consignas: Este punto fue unánime entre todas las auxiliares entrevistadas. La ausencia de directrices unificadas y operativas genera respuestas improvisadas: "no, no hay nada claro, acá cada uno va haciendo lo que puede y lo que le sale (...) a veces todas actuamos diferentes o tomamos acciones diferentes porque es lo que nos sale". Otra auxiliar refirió: "desde dirección le dicen vos tenés que manejarte como vos querés, y a veces es confuso lo que hay que hacer". Esta variabilidad de criterios genera desconcierto y, según las propias cuidadoras, a los niños "les afecta muchísimo".
- Redes de apoyo informal y tensiones entre compañeras: Ante un apoyo vertical percibido como insuficiente ("desde afuera no siento contención, no viene nadie... de afuera nadie"), las auxiliares construyen redes de contención informal entre pares: "entre nosotras nos cuidamos y nos protegemos". Sin embargo, en uno de los hogares estudiados, las relaciones interpersonales se describieron como marcadamente conflictivas: "el ambiente es bastante complicado. Yo no me siento ni contenida por ellas ni acompañada (...) cada una hace lo que quiere y se arma lío incluso entre nosotras mismas. No está bueno trabajar así".
- Formación asistemática: El aprendizaje del rol del cuidador se basa casi exclusivamente en la transmisión informal de saberes de generación en generación de auxiliares. Una trabajadora lo ilustra con claridad: "no tuve capacitación, ninguna hasta el día de hoy". Otra añade: "por ahí nos hacen falta más herramientas, porque lo que sé, lo he ido aprendiendo (...) los cursos que nos dan acá es una sola vez, algunas explicaciones y nada más".
Las voces de las infancias: Bienestar y demanda de sostén afectivo
Las entrevistas con los niños y niñas aportaron luz sobre cómo estas dinámicas organizacionales repercuten en sus vivencias cotidianas de bienestar. Sus percepciones evidencian una marcada ambivalencia:
- Ambivalencia sobre la estadía: Algunos niños manifestaron agrado por la convivencia grupal y el juego ("es lindo el hogar, me gusta estar acá (...) con los chicos jugando"), otros denotaron resignación ("me siento bien acá, quiero volver a mi casa, pero me da igual"), mientras que un tercer grupo verbalizó tristeza y rechazo a la institucionalización: "algunas veces estoy aburrido... algunas veces no quiero hablar con nadie porque estoy triste y me quiero ir a mi casa".
- Dualidad del vínculo con el adulto: Para los niños, las auxiliares representan figuras operativas de satisfacción de necesidades básicas ("para que nos cuiden, para que nos den un plato de comida, nos bañen, nos cambien la ropa") y, al mismo tiempo, figuras de control punitivo encargadas de "retarnos cuando nos portamos mal". Sin embargo, las expresiones directas de cariño son vivenciadas como elementos profundamente significativos y reparadores. Un niño recuerda conmovido: "sí, me abrazaron, siempre nos dan un abrazo y nos dicen hasta mañana, soñá con los angelitos"; otro expresa la potencia afectiva del vínculo sustituto: "me daba mucho amor, todo el amor que mi mamá nunca me dio".
- Reclamo de atención individualizada: La poca cantidad de personal para tantos niños genera un reclamo explícito de atención personalizada. Las voces de los niños son elocuentes: "hay mucho lío porque son muchos chicos y las tías por ahí no nos pueden dar mucha atención a todos porque tienen que atendernos a todos", "que estén más con nosotros", "no, porque no tienen tiempo y no podés decirles solas a ellas".
- Baja participación y autonomía: Los niños sienten que carecen de capacidad de elección y de agencia en sus propias vidas. La rutina rígida se impone: "acá no podés hacer lo que quieras porque hay reglas", "a veces me escuchan, pero siempre tenemos que hacer lo que hacen todos, porque somos muchos chicos y no podemos hacer lo que queramos", o "me gustaría que me prestaran más atención a lo que yo quiero hacer y que no tengamos que hacer todos lo mismo". Esta rigidez contradice el derecho fundamental a ser oído y a participar en las decisiones que los afectan.
Tensiones cotidianas y dobles vínculos
La investigación permitió detectar áreas específicas de tensión relacional que operan en detrimento de la calidad del cuidado y el bienestar integral de los niños y niñas:
- La prolongación de la estadía: Las auxiliares identifican con frustración que la temporalidad legal de la medida de protección se vulnera sistemáticamente en la práctica: "me gustaría que no estén acá tanto tiempo los chicos porque viste que dicen 3 meses como mucho y es mentira, llevan mucho tiempo más acá y no se hace nada". Esta dilatación del tiempo institucional cronifica la inestabilidad vincular del niño.
- Comunicación agresiva: El desborde emocional de los adultos ante el conflicto a menudo se traduce en gritos: "cuando querés marcar algo se levanta el tono de voz y eso los pone mal".
- Mensajes contradictorios: La falta de cohesión y de lineamientos comunes entre las auxiliares genera mensajes e instrucciones paradójicas. Una auxiliar expone esta incoherencia: "yo le digo a Juancito no salgas al patio por tal cosa y después viene mi compañera y le dice que sí que salga... uno dice una cosa y otra dice otra cosa y eso, la diferencia que hay entre compañeras, ellos lo sienten muchísimo". Desde la teoría de la comunicación humana (Watzlawick et al., 1981), estas pautas comunicacionales contradictorias colocan a los niños en una posición insostenible que impide la construcción de un marco de referencia conductual y vincular seguro.
- El impacto de la pandemia de COVID-19: Este escenario excepcional actuó como un amplificador de las tensiones del sistema. La imposibilidad de mantener el contacto con sus familias de origen y las escuelas generó honda tristeza. Una niña relató con dolor: "mal, porque quiero salir, estar feliz y no puedo. Lo que más quiero es ir a la escuela (...) Y ahora las tías no nos dan ni abrazos ni besos (...) eso es lo que más me duele". Las auxiliares describieron el deterioro del clima y el agotamiento: "peor obviamente (...) se nos está haciendo cuesta arriba (...) están como aburridos, ya no quieren ni ver tele".
Hacia una ecología del cuidado: Propuestas sistémicas para la acción
La lectura circular y sistémica de los hallazgos nos impide responsabilizar individualmente a los actores por las fallas del sistema. Si una auxiliar responde con gritos, si existen doble mensajes entre compañeras, o si un niño expresa irritabilidad, estas conductas deben comprenderse como emergentes del funcionamiento relacional y organizacional del sistema total.
Para transitar hacia un paradigma centrado en el cuidado y no solo en la administración de las infancias, se proponen las siguientes intervenciones basadas en la práctica reflexiva:
- Cuidar a los que cuidan: No es posible sostener buenos tratos hacia los niños si quienes ejercen la labor de cuidado sustituto se encuentran desbordados, desautorizados o sin espacios de contención. Es prioritario implementar espacios formales y sistemáticos de co-visión y supervisión clínica para las auxiliares de cuidado, previniendo el desgaste profesional (Maslach et al., 2001) y la fatiga por compasión (Figley, 1995).
- Estructuración de canales de comunicación unificados: Para disolver los dobles vínculos comunicacionales, es indispensable establecer reuniones periódicas de equipo orientadas a unificar criterios de intervención cotidianos, clarificar las consignas directivas y definir con nitidez los roles de la regencia y las auxiliares.
- Fomento de la participación infantil: Las instituciones deben flexibilizar sus rutinas, abriendo canales donde las opiniones, elecciones y sugerencias recreativas y cotidianas de los niños sean escuchadas y consideradas en la toma de decisiones organizacionales. Su reclamo de atención individualizada debe ser el faro que guíe la planificación del recurso humano.
- Profesionalización de la formación: Reemplazar el aprendizaje intuitivo por programas formales y continuos de capacitación en buenos tratos, teoría del apego y dinámicas de intervención sistémica en contextos de vulnerabilidad social.
Reflexiones finales. Una ética relacional en el cuidado alternativo
Pensar sistémicamente las instituciones de cuidados alternativos convoca a un profundo cambio epistemológico y ético. Los resultados de esta investigación demuestran la íntima correspondencia entre el bienestar de las auxiliares y la percepción de seguridad y afecto de los niños. El cuidado de los niños más vulnerables no puede depender del voluntarismo o de la sensibilidad aislada de una cuidadora de turno; debe ser garantizado por un diseño organizacional coherente, flexible y relacional. En última instancia, la forma en que cuidamos a quienes cuidan define la calidad de la sociedad que co-construimos y el destino que ofrecemos a nuestras infancias.
Referencias
Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E., & Wall, S. (1978). Patterns of attachment: A psychological study of the strange situation. Lawrence Erlbaum Associates.
Andolfi, M. (2003). Manual de terapia familiar. Amorrortu.
Asamblea General de las Naciones Unidas. (1989). Convención sobre los Derechos del niño. Naciones Unidas. Asamblea General de las Naciones Unidas. (2009). Directrices sobre las modalidades alternativas de cuidado de los niños (Resolución A/RES/64/142). Naciones Unidas.
Barudy, J., & Dantagnan, M. (2005). Los buenos tratos a la infancia: Parentalidad, apego y resiliencia. Gedisa.
Bateson, G. (1991). Pasos hacia una ecología de la mente. Lohlé-Lumen.
Bowlby, J. (1986). Vínculos afectivos: Formación, desarrollo y pérdida. Morata.
Bronfenbrenner, U. (1987). La ecología del desarrollo humano. Paidós.
Figley, C. R. (1995). Compassion fatigue: Coping with secondary traumatic stress disorder in those who treat the traumatized. Brunner/Mazel.
Fiorenza, P. (2024). Clima organizacional en instituciones de acogimiento y la percepción de bienestar de los niños y niñas allí albergados [Tesis de maestría no publicada]. Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua.
Ley N.º 26.061. (2005). Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes.
Maslach, C., Schaufeli, W. B., & Leiter, M. P. (2001). Job burnout. Annual Review of Psychology, 52(1), 397–422. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.52.1.397
Mikulic, I. M., & Casullo, M. M. (2013). Adaptación y validación de la Escala de Clima Social Laboral (WES) en población argentina. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.
Minuchin, S. (1986). Familias y terapia familiar. Gedisa.
Watzlawick, P., Bavelas, J. B., & Jackson, D. D. (1981). Teoría de la comunicación humana: Interacciones, patologías y paradojas. Herder.
[2] El presente artículo se basa en la tesis de Maestría en Psicoterapia Sistémica titulada “Clima Organizacional en Instituciones de Acogimiento y la Percepción de Bienestar de los Niños y Niñas allí Albergados”, Directora Mónica Valgañon, Facultad de Psicología de la Universidad del Aconcagua, Mendoza, Argentina (Fiorenza, 2024). Los datos, testimonios y resultados aquí expuestos provienen de dicha investigación original.