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Mes Amarillo: Concientización, prevención y posvención del suicidio.


Mes amarillo: La posvención, una dimensión necesaria de la prevención del suicidio.

Cuando hablamos de prevención del suicidio solemos pensar, casi de manera inmediata, en la detección del riesgo, la escucha de quien atraviesa una crisis y la posibilidad de acercar ayuda a tiempo. Sin embargo, la prevención no termina allí. Cuando ocurre una muerte por suicidio comienza otro tiempo: el de quienes quedan. Familiares, amigos, compañeros, docentes, equipos de trabajo y comunidades pueden verse profundamente afectados. Acompañar ese impacto también forma parte de una respuesta preventiva.

La posvención no es solamente un: “después de…”, la posvención reúne las intervenciones que se desarrollan luego de un suicidio con el propósito de acompañar a las personas y grupos afectados, favorecer la tramitación de la pérdida y reconocer situaciones de especial vulnerabilidad. No se trata solamente de contener el dolor inmediato, sino de pensar, junto con quienes atraviesan la situación, qué acciones resultan necesarias en cada contexto. Por eso puede involucrar intervenciones individuales, grupales y sociocomunitarias, así como la articulación con los distintos espacios de pertenencia de la persona fallecida. 

El duelo por suicidio presenta algunas particularidades que requieren especial sensibilidad. Al dolor por la ausencia pueden sumarse culpa, vergüenza, estigmatización social y una búsqueda reiterada de explicaciones. Aparecen preguntas acerca de por qué ocurrió, qué señales no se vieron o qué podría haberse hecho de otro modo. Algunas encontrarán respuestas; otras, quizás, no. Frente a ellas, intentar cerrar rápidamente lo inexplicable puede resultar poco cuidadoso. Hacer lugar a la palabra, aunque sin exigirla, permite que cada persona pueda expresar lo que necesita a su propio ritmo. 

Este aspecto adquiere particular relevancia en las instituciones educativas. Frente al suicidio de un adolescente o joven, las respuestas pueden oscilar entre extremos: desde el silencio y el encapsulamiento de lo sucedido hasta una hiperactividad que supone que todos deben hablar. Ninguna respuesta debería imponerse de manera uniforme. Los dispositivos de acompañamiento necesitan ser flexibles y ajustarse a las necesidades, demandas y características de cada persona, grupo y comunidad. 

La posvención también requiere mirar los vínculos. Después de una muerte por suicidio, una familia, un grupo de amigos o una comunidad no atraviesan un único duelo. Cada persona tenía un vínculo particular con quien murió y cuenta con diferentes recursos para afrontar lo sucedido. Acompañar supone entonces fortalecer redes de confianza, favorecer espacios de expresión y permanecer atentos a quienes puedan encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad. Las intervenciones pueden incluir, además, recursos expresivos, artísticos y grupales que faciliten la comunicación y la elaboración compartida de lo vivido. 

Desde esta perspectiva, la posvención es también prevención. Dar lugar a aquello que muchas veces queda rodeado de silencio, reorganizar las redes de apoyo, fortalecer los vínculos e identificar tempranamente situaciones de riesgo permite cuidar a las personas y a las comunidades después de una muerte por suicidio. 

En el Mes Amarillo, entonces, hablar de prevención implica también mirar lo que ocurre después. Cuidar a quienes quedan, acompañar sin juzgar y sostener sin imponer tiempos son también formas de prevenir. Porque después de un suicidio hay personas intentando comprender cómo seguir, y ellas también necesitan ser vistas, escuchadas y acompañadas.


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